miércoles, 11 de abril de 2012

A mi hermano


David vencedor de Goliath. Caravaggio. Museo del Prado. Madrid.

No hay pie de gigante que aplaste las manos del artista, 
no hay Goliath que pueda cerrar los ojos de David.
Pequeño, ágil, tenaz y constante
alza la victoria con sus brazos trabajadores.
Convencido de su valor y su talento 
no elige espadas ni flechas ni lanzas: una honda,
una sencilla y artesana honda
que David hace volar con destreza y sabiduría, 
y que consigue derrotar al grande, al gigante. 
El gigante cede aplastado por su propia vanidad, 
por su incapacidad de mirar hacia abajo y 
descubrir que hay un mundo al que no debe aplastar
un mundo que nace bajo sus pies aberrantes
que pesan tanto que no saben andar,
que no saben bailar al compás, 
que no van a ninguna parte.
David es el portador de la esperanza artística, 
el que marcará un nuevo rumbo
y que mostrará a Goliath derrumbado 
por la ceguera y la codicia.
Un tiempo empieza ahora: el frescor entra por los oídos.
Es David que nos silba su leyenda.